“Si bien es cierto es que las cámaras son importantes para esclarecer los casos, el proceso para conseguir los indicios no es sencillo. Es más, en el expediente del crimen de Manuel Mohamed se analizaron casi 20 cámaras y se sacaron registros fílmicos que duran segundos”, explicó Tomás Robert, secretario judicial del Ministerio Público Fiscal.

Cámaras, el as bajo la manga de los investigadores

El funcionario explicó que los pesquisas deben realizar tareas de inteligencia. Ese trabajo consiste básicamente en recorrer los barrios donde sucedió el ilícito para hacer un relevamiento de las cámaras de seguridad. “En base a la información que se recolectó, buscamos las que nos pueden servir para analizarlas. Es imposible analizarlas a todos en el mismo momento”, comentó una fuente judicial.

La comisario Juana Estequiño destacó que los vecinos siempre se muestran proclives a colaborar. “Nos aportan las imágenes y, si las consideramos útiles, se activa un protocolo para extraerlas legalmente, para que no haya problemas en la investigación. Realmente es destacable cómo los vecinos nos ayudan, antes no era así”, explicó.

El trabajo, en los casos más complejos, suele ser muy duro. Horas sentados frente a un monitor buscando un rostro o el dominio de un vehículo que pueda servir. Una vez encontrado el dato que buscan, deben analizar si es lo suficientemente claro para identificar a alguien o algo. Si no lo consiguen, recurren al Departamento de Visualización y Mejoramiento de Imágenes del MPF para concluir con la tarea.

Complicaciones

El trabajo duro, en realidad, comienza en los casos difíciles. Puede aparecer el rostro de una persona, pero eso no significa que sea identificada con nombre y apellido de manera inmediata. A veces se la ubica analizando alguna base de datos o con la colaboración de informantes. Algo similar sucede con los dominios de vehículos y motos. Pueden quedar al descubierto, pero la informalidad que existe en la provincia atenta contra la pesquisa. A saber, en el robo que sufrió el jugador de Atlético Matías Orihuela, la camioneta en la que se desplazaba el acusado estaba a nombre de un tercero, por lo que hubo que buscar al tenedor.

Los casos más sencillos generalmente son los asaltos que sufren los comerciantes y en los que los autores quedan registrados, pero se presenta otro problema: la viralización de las imágenes en las redes sociales. “Si bien es una prueba categórica, no falta el abogado que intenta plantear alguna nulidad porque el rostro es difundido”, advirtió una fuente.